martes, octubre 17, 2006

CUANDO ME MUERA, ¿DÓNDE ME ENTERRARÁN?

Es conocido por todos, que nuestro Cementerio Municipal ya no cuenta con el espacio e infraestructura adecuada para la población de fallecidos, por lo tanto, los habitantes vivos, que aún somos muchos, nos preguntamos diariamente en qué parte seremos enterrados cuando nos toque la hora de partir.

En las grandes ciudades, es habitual que en las esquinas de cualquier Mall se te acerque alguna señorita de bella sonrisa y te entregue folletos de algún nuevo cementerio, porque en Chile si hay buen negocio es ése, ya que muertos habrá siempre, como también gente preocupada por el futuro propio y de los suyos. Una realidad distinta se vive en Cañete, donde solamente contamos con un cementerio, el Municipal, que cada vez tiene menos espacio para albergar los cuerpos de cientos de personas que por alguna razón dejaron de existir y a los cuales sus familias buscan entregar una digna sepultura.Los cañetinos vivos, que aún somos cientos, repartidos en todo el mundo, y que alguna vez como último deseo queremos volver y ser sepultados en nuestra comuna, nos preguntamos ¿en qué lugar seremos enterrados?El camposanto, al igual que las poblaciones de casas que se construyen a paso agigantado, avanza de igual manera, siendo visibles las tumbas desde la orilla de la carretera y los vecinos del sector, con tumbas en los patios de sus casas. Sin embargo, lo raro de esto es que estamos rodeados de terrenos donde podemos construir uno grande, acorde al crecimiento de nuestra ciudad y que no tengamos que ser testigos nuevamente del paisaje lúgubre del actual.

HISTORIAS DE CEMENTERIO.
Muchas son las historias que se tejen con respecto a estos recintos, y el de Cañete no es la excepción, no solamente en el ámbito de lo paranormal, si no también historias que rayan en lo cómico.

PANTEONEROS ASUSTADIZOS: Esta es una de las historias cómicas de nuestro cementerio. Hubo un tiempo en que la Municipalidad, como una forma de proteger el camposanto, dispuso de 3 panteoneros que debían recorrer el recinto y espantar a los intrusos, que en ese tiempo utilizaban éste para consumir alcohol, sin ser hallados por la policía, pero el miedo a lo paranormal, mezclado con las risas de quienes entraban sin permiso, confabulaban para que los temerosos panteoneros escaparan a paso rápido y dejaran su puesto de trabajo.Era habitual ver a los funcionarios en la esquina del Estadio Fiscal haciendo rondas, ya que no se atrevían a entrar. Luego, solamente quedó uno a cargo, el que ya está acostumbrado.
NO ESTABA MUERTO, ANDABA DE PARRANDA: Al igual que un antiguo tema musical que dice “No estaba muerto, andaba de parranda…”, cuenta la historia de un personaje que se hizo pasar por muerto, hasta se hizo un funeral, con deudos llorando y toda la parafernalia, sólo con la finalidad de cobrar un millonario seguro. Lo que no esperaba este personaje era que la policía de Investigaciones, junto a la INTERPOL, descubriría su ilícito, y en vez del cajón lo enviaron detrás de las rejas.
HOYO ABAJO: El protagonista de esta historia es un reconocido personaje cañetino, que a veces se cree oficial de carabineros, otras sepulturero, y como siempre con unas copas demás.Pasó que un día las estaba haciendo de sepulturero (encargado de echar el cajón a la fosa y luego taparlo con tierra), con unos cuantos vasos de alcohol en el cuerpo, se dispuso a tomar una pala cargada de tierra para comenzar a tapar la fosa, cuando de repente, plaff!, desapareció el personaje, el cual producto del peso de la tierra en la pala y a su deplorable estado de embriaguez, cayó sin compasión al hoyo, encima del cajón y fue rescatado por los mismos asistentes al funeral.
PROFANADORES: Un día despierto un poco asustado, ya que habían golpeado la puerta de mi casa, era el cuidador del cementerio que venía a avisar que la tumba familiar había sido destruida por vándalos, me acuerdo que tenía como 14 años, y fue la primera vez que ocurrió un hecho así en Cañete, tumbas rotas, cruces quebradas, nichos ensangrentados, imágenes rotas, todo producto de un grupo de jóvenes imitando lo que hacían en otras latitudes e invocando a don “Sata”, destrozaban todo lo que se cruzaba en su camino. Unos años después, lamentablemente, se repitió la historia.
LA FOTO: Hace años atrás, un miembro de mi familia que por esos años era menor de edad, paseaba por el cementerio, cuando divisó un funeral que se acercaba, la curiosidad pudo más y se percató que era gente campesina que venía a sepultar un bebé, la sorpresa fue enorme al ver como abrían el cajón, en eso, alguien le dice “Niña, ven un momentito”, cuando en cosa de segundos se ve con el bebé muerto entre sus brazos y posando para una foto.
DOS MUJERES UN MARIDO: recuerdo una teleserie mexicana llamada “Dos Mujeres, un Camino”, donde dos mujeres luchaban por el amor de un hombre. Acá la historia es la misma, pero con ribetes tragicómicos: dos mujeres peleándose por un muerto. Pasa que el finado era casado y separado y tenía una nueva señora, falleció y esa nueva señora se estaba encargando de sepultarlo, cuando apareció la ex y se los arrebató, trasladándolo a otra ciudad, donde finalmente fue sepultado.
PAPA, EL MUERTO PESTAÑEÓ: Otra historia donde alguien de mi familia se vio involucrado. Hace años atrás, los ataúdes era soldados antes de ser enterrados, por lo tanto, en el último día de velatorio, la persona que soldaba debía ir a hacer su trabajo. Bueno, esta persona iba acompañada con su hijo menor que de manera insistente aseguraba haber visto pestañear al muerto, nadie le hizo caso y finalmente fue sepultado.Pocos días después, se dieron cuenta que, debido a un olor nauseabundo que emanaba desde la tumba, que algo raro pasaba, al desenterrar el ataúd se dieron cuenta que efectivamente la persona había sido enterrada viva y en su desesperación había tratado de abrir el cajón, muriendo ahogado por la falta de oxigeno, todo por una enfermedad llamada Catalepsia.
Como podemos ver, el Cementerio Municipal de Cañete guarda muchas historias, y también guarda los sueños de miles de personas que por alguna razón o simplemente por la ley de la vida, vieron truncadas sus ilusiones. Algunos dirán este está pidiendo demasiado con un cementerio nuevo, pero al escribir esta columna, fui pensando seriamente en dónde quería ser sepultado y decidí que mis restos deben quedar junto a los de mi familia, y no quiero que mi lápida diga “Debajo de esta carretera están los restos de quién fuera…”.Por eso, Autoridades, no sólo hay que preocuparse de los vivos, sino también de aquellos que dieron su vida por nosotros, por nuestras familias y por nosotros mismos, que alguna vez tendremos que morir.